Biografía de Pedro Escacena Barea pintor
Nace en el sevillano barrio de la Macarena, el 19 de Noviembre de 1931, y ya desde temprana edad nos muestra esa gran sensibilidad y su profundo sentimiento artístico con la ilusión de ser torero, que se acrecenta con los pinceles y une estas dos vocaciones en un armonioso conjunto de color y valor, de templanza y sobriedad, que definen esa majestuosidad pictórica y taurina. Este arte innato se afianza estudiando Bellas Artes bajo los maestrazgos de Santiago Martínez, Rodríguez Jaldón, Gustavo Gallardo, Honhen-Leiter, Labrador, etc. Esta formada maestría de mas de siete años de estudios pictóricos, nos descubre a Escacena como un pintor que hace del lienzo un ruedo de colores vibrantes y trazos seguros donde cada pincelada es un lance transmitiéndonos sentimientos sólo comparables a una grandiosa faena.
La personalísima pintura de Escacena capta ya no sólo la majestuosidad del arte de torar, sino también el sentir, y la expresión de la figura, viéndose esta envuelta en ese infinito elenco de colores y tonalidades, que nos muestra hasta los más recónditos recovecos de su ser como si de un acto de confesión se tratase. La amargura de "Curro", reflejo de una mala tarde del maestro y el contraste que supone la apoteósica faena donde plasma el dominio artístico, el temple y, en definitiva,el sentir de un torero, son muestras de la capacidad expresiva de Escacena.
Sus cuadros han pasado a formar parte de importantes colecciones privadas, tanto nacionales como extranjeras, siendo además autor de numerosos carteles taurinos. Entre las obras más importantes, y ya históricas, que salieron de sus manos para conmemorar grandes acontecimientos, o simplemente para anunciar importantes ferias, están: los carteles de la Feria de San Isidro de Madrid (1985), los de Sevilla desde 1984 hasta la actualidad, y el gran acontecimiento que supuso la despedida del maestro Antonio Chenel "Antoñete".
por Mario Carrión
DOS AMIGOS, UN CUADRO, DOS CAMINOS Nuevo
Escacena iniciando un muletazo de pecho.
Adornando la clara pared del salón de mi residencia en Maryland cuelga un colorido óleo, que plasma en el lienzo un inspirado momento de mi actuación en un ruedo.
A menudo, mis amigos, especialmente si eran aficionados a la fiesta brava, me preguntaban "¿quién pintó ese cuadro?" Mi respuesta era siempre idéntica "lo pintó un amigo de mi niñez, que como yo soñaba con ser torero". Poco más podía añadir sobre el amigo que desde los cincuenta le había perdido la pista.
Más de una vez mientras admiraba el cuadro, había pensado en el viejo amigo. Recordaba que de chiquillo, allá por los fines de los años cuarenta toreábamos de salón en el Barrio de la Macarena en Sevilla, en donde ambos nos criamos, y que incluso nos escapamos a torear en tentaderos un par de veces. Teníamos en común, a diferencia de otros 'maletillas', que ninguno de los dos abandonábamos nuestras obligaciones escolares, lo que nos obligaba regularmente a entrenar bajo la luz de la luna.
Revista Aldaba
Hoy hablamos de Pedro Escacena
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